Disfrutamos de una gran día en la Ruta da Pedra e da Auga

Las aguas del río Armenteira labran la piedra en su descenso por la comarca de O Salnés moldeando una hermoso paseo sembrado de pozas, árboles, cascadas y molinos: es la “Ruta da Pedra e da Auga”. El canturreo del arroyo acompaña al caminante bajo la sombra de un frondoso bosque de ribera, con alisos, sauces, abedules, robles y castaños que tejen una tupida bóveda vegetal. La belleza de este lugar no pasa desapercibida y hasta el presidente del Gobierno Mariano Rajoy sucumbe a sus encantos cuando visita Galicia en sus días de descanso. Decenas de personas recorren a diario esta senda, a las que se suman los centenares de peregrinos que realizan la variante Espiritual del Camino de Santiago.

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El sendero, de casi siete kilómetros de recorrido lineal y muy bien señalizado, atraviesa los concellos de Meis y Ribadumia y puede iniciarse en cualquiera de sus dos extremos: en el monasterio de Armenteira o en la rotonda de los Castaños de Barrantes. En cuanto a su dificultad, tiene dos partes bien diferenciadas: el trecho de Ribadumia es llano y con un paseo bien delimitado y amplio, mientras que el tramo de Meis es más largo, estrecho y con mayor pendiente. Sin embargo, es en la zona próxima al monasterio de Armenteira donde el camino es más bello y el río desciende con mayor fuerza. Aquí se concentra una bellísima muestra etnográfica: los “muíños de Serén”, un conjunto de más de 30 molinos rehabilitados que serpentean las márgenes del río.

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En la falda del monte de Cabeza de Boi nos encontramos con un área recreativa -con merendero, parque para niños, aparcamiento y cafetería- que recibe el nombre de “Aldea Labrega”. Este espacio aglutina una decena de estatuas de piedra elaboradas por los alumnos de la Escola de Canteiros de la Diputación de Pontevedra. En ella se representan distintos elementos fundamentales de la vida rural en Galicia: una iglesia, un cruceir20180128_125034o, un hórreo, un lavadero, un horno o un carro de bueyes.

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Esta parte del sendero guarda una oscura leyenda. Frente al llamado “muíño de Regueira” se halla una piedra con la inscripción “reo d (e) amor” que hace referencia a un trágico suceso: un vecino puso fin a su vida tirándose del puente de dicho lugar tras un desengaño amoroso.

El tramo que discurre por Ribadumia es más corto y asequible, un plácido paseo bordeando el río. Este camino se recorría tradicionalmente el lunes de Pascua hacia el Monasterio de Armenteira. Uno de los puntos más bellos de esta zona son los “pasos” que hay que atravesar para cruzar el río.

El Monasterio de Armenteira.
El monte Castrove ofrece abrigo a este sobrio inmueble de estilo románico erigido en el s. XII por un caballero de la corte de Alfonso VII llamado Ero. Según cuenta la tradición oral, el hombre carecía de descendencia por lo que él y su mujer imploraban a Dios por un heredero. La Virgen María se les apareció en un sueño y les reveló que la voluntad divina era que tuviesen una numerosa prole espiritual, por lo que decidieron fundar cada uno su monasterio. El cenobio cae en decadencia en el siglo XV, situación que se agrava tras la desamortización de Mendizábal de 1837. Será en 1961 cuando el hijo del escritor Ramón María del Valle Inclán cree la organización “Amigos de Armenteira” para reconstruir el lugar que inspiró la obra “Aromas de Leyenda” del genial autor vilanovés. En la actualidad, la abadía está habitada por una comunidad de monjas cistercienses, dedicadas a la oración, a la liturgia, a elaborar jabones artesanos y a gestión de su hospedería.

Hemos disfrutado de un gran día, de una gran ruta y como no podía ser de otra manera de un gran grupo de nordic walkers, que lo dieron todo y la única pena que me queda es no poder disfrutar de esa cervecita tan merecida en tan buena compañía.

¡¡¡¡¡Volveremos!!!!